Calle de abajo

Siempre nos citamos y nos despedimos en la calle de abajo. Voy a pensar que no existe ni tu casa, ni tu perro, ni tu hermana. Voy a pensar que ni tu existes. Aunque me cuesta mucho esfuerzo olvidar la ultima noche. Nos vemos en la calle de abajo.

Sospecha

Yo creo que sospecha de nuestros encuentros en Madrid.  Y me temo que prefiere que no hubiera salido ileso de la mentira de Washington. Y de las otras mentiras. Lo que no sospecha es que aun lo quieres tanto. Pero es su culpa por no llamarte.

Dilema

Al parecer, aunque tenga sexo conmigo, parece que no se olvida del amor, por el otro. Tengo el dilema de sufrir el sexo sin amor. Y hasta tengo celos de ese amor sin sexo que tiene con ese hombre.

Fiesta

Ella me ha invitado a su fiesta.
También estaba él.
Así, que
ella, él y yo.
Por un momento pensé
que me ha había vuelto loco,
pero, no.
Allí estaba yo en su fiesta,
viendo lo bien que le sentaba
su vestido nuevo
y sus interminables tacones
que sujetaban sus
alargadas piernas.
Todo fue bien, hasta
que derramé mi copa
en la entrepierna de él.
Algo me hizo, él.
Ella me llevó al hospital.
Fue el viaje más bonito de toda mi vida.
Invítame a más fiestas así.

Tienes que hacerlo

Cuando dudes
cuando pienses que a lo mejor
aún te quiere.
Llámala.
No lo dudes,
tienes que hacerlo.
Ella te responderá amablemente
y será cordial
y se citará contigo.
Posiblemente te dará una cita
en un día futuro que no va bien.
Pero se citará.
Y todo el carrusel de colores
volverá a girar.

¿Dije mi hija?

¿Dije mi hija?
¿Dije que se ha llevado a mi hija?
Si yo no tengo hija.
Pues,
hasta eso se ha llevado.

Ya no

Ya no,
ya no la quiero.
Está viviendo con otro,
se ha llevado mi casa,
mi dinero, mi hija.
Ya no,
ya no la quiero.

No tengo

No tengo hambre
no tengo ganas
no tengo amor
no tengo.

Versos repartidos

Fuiste repartiendo a todos los mismos versos
hasta que uno a uno
los pretendientes
iban cayendo rendidos bajo
tus largas piernas.
Luego, esperabas
a ver
quien
te hacía las caricias más tiernas.
Y como todos eran habilidosos
decidiste quedarte con
el que llevaba la mochila
menos pesada.

La máquina

Y ya casi tenía dispuesta la máquina.
La que lava los cerebros
y hace que te olvides de él.
Pero en el mismo instante
que iba a colocar los electrodos
recibes su llamada.

Recuerdos

Todavía recuerdo, cuando
de los nervios
no pude desabrochar su blusa.
Por suerte, mis pequeñas
y suaves manos
pudieron pasar por debajo,
por ese sitio donde empieza la falda.
Y recuerdo que subí.
Y recuerdo.

La coleccionista de cadáveres

Tiene varios cadáveres en Madrid
y también en Barcelona, Milán y
New York.
Yo estuve a punto de entrar
en su colección privada,
pero cuando estaba a punto,
morí de amor
y así
todavía puedo seguir viviendo.

Ella

No contenta, ella
la que siempre va contenta,
que, no contenta con dejarme,
para colmo de mis males
ha vuelto con él.
¿Qué ha visto en él?
Solamente es guapo, alto
y rico
y rico.
Me lo como.

Llueve

Nunca pensé que hoy podría llover.
Precisamente hoy
que llevo el pelo nuevo,
las gafas nuevas,
y la foto nueva.